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30
ago
2015

Compendium ad inquisitio - IV

Por Gustavo Cano Rguez.

[ A día de hoy sigo sin comprender que podría temer tanto aquel hombre como para preferir soportar los suplicios, antes que dar confesión y obtener la misericordia; ni la rueda, el tonel, los clavos, el torno, ni tan siquiera cuando le comenzaron a introducir agua pura en su organismo para limpiarlo de sus males y purificar su alma corrupta, consiguieron arrancar una palabra del hereje.

Cuando cualquier simple mortal con un atisbo de fe, le bastarían para comprender y hacer ver la realidad y delatar al maligno. Sin conseguir una confesión decente el tribunal se vio obligado a usar el último recurso, el llamado “ignis fidei”, las llamas de fe.

Que solo consiguieron arrancar endemoniadas carcajadas mezcladas con gritos de agonía entre los que se pudo distinguir las palabras “estamos perdidos”. Mientras lágrimas ennegrecidas por el hollín, dibujaban formas diabólicas en su cuerpo como si de un pergamino maldito se tratase.

Desconocemos si aquel leñador fue la víctima, el testigo o el instigador, pero hay algo preocupante de lo que no cabe duda; el oscuro poder hereje es más fuerte que nuestra fe. Se encuentra en la profundidad de estos bosques y acecha demasiado cerca de nuestras murallas… ]


Interrogatorio a un testigo de un Proceso de herejía no oficial.
Dictamen: adecuada vigilancia de la herejía. Tribunal secular sin conocimiento por parte de la Ecclesia. Posible germen de fanáticos y exaltados, informar de inmediato.
Fr. Victor Ursinus, Inquisitor.

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